Burros

Si los burros pasaran la cuenta no tendría la humanidad cómo pagarles. 

Mucho le debe el rey de la creación a las costillas de tan sabios cuadrúpedos, a esas cuatro patas con su enjalma de progreso. No se puede imaginar al hombre sin un burro al pie, el burro de carga, sobreviviente de milenios de trabajos forzados, sin derecho a vacaciones, festivos o fin de semana con puente. Ellos, como filósofos que son, no añoran privilegios ni cuantiosas fortunas, pues saben de la mamadera de gallo a que estaría sujeto un burro cargado de plata y distinciones. 

Los antiguos griegos asociaron al burro con Dionisio, dios del vino y de las bacanales; entre los romanos estaba consagrado a Príapo, dios de la fertilidad. En la literatura existen burros famosos, desde el asno de Caín a la burra de Balaam, con capacidad verbal para interpelar a su amo, y del Platero de Juan Ramón Jiménez al Rucio de Sancho Panza. 

El queso más caro del mundo lo producen en Serbia con leche de burra. La leche de burra es semejante a la humana y sus bondades para rejuvenecer la piel son reconocidas. Cleopatra se bañaba con una mezcla de miel y leche de burra. 

Los burros no son tan burros como parecen. Viven unos 45 años sin sufrir de Alzheimer, recuerdan a otros burros y burras, amos y lugares, con precisión meticulosa. 

El 8 de mayo es el Día Internacional del Burro, para recordar a quien lleva sobre su lomo gran parte de nuestra historia, hoy en riesgo de extinción.

El homo sapiens covidensis, con su burrocracia y sus burradas, ha abusado de burros y burras de todas las maneras posibles. A burros tan acabados como la honradez, los matan para el consumo y por acá los sirven hasta en programas de alimentación escolar.

Hay posadas campestres donde la atracción de los turistas es oír el rebuzno de un burro y verlo desfilar con sus aperos y atributos mientras almuerzan.

A manera de honra y desagravio, los buenos costeños de San Antero, Córdoba, celebran en Semana Santa el Festival Nacional del Burro, con un concurso donde participan jumentos de condiciones extraordinarias. Los dineros recaudados en la competencia, según el proyecto de un concejal, tienen como propósito la erección del Monumento al Burro, al frente de la Alcaldía. Y el concejal ya tiene listo el panegírico para la ceremonia de exaltación al bronce:


Por fin los racionales acordaron
erigir una estatua al burro egregio,
que fue dignificar las mataduras
ganadas con la enjalma del progreso,
homenaje al esfuerzo comenzado
más allá del antiguo testamento,
aunque el mundo sindique a tu mandíbula 
de abrirle el occipucio al primer muerto.


A la altura de próceres y santos,
mandatarios y narcos ecuménicos,
ricachos, magnates y políticos,
subió la humanidad tu monumento.


Con carga y "sobernal", en cuatro patas,
a punta de zurriaga y en silencio,
laboras como burro, sin horario,
blandiendo la batuta de los tiempos,
hasta el día en que el plato y la cuchara
le den a tu dolor descanso eterno.


Que perdure tu nombre, aclimatado
al trabajo tenaz sin cobrar sueldo,
en artrítico bronce donde posas
con grave majestad de un académico,
luciendo baticola, tapaojos,
dura cincha de fique y el apero,
con las fauces abiertas al futuro,
como dando un rebuzno enciclopédico.


¡He dicho!

 

(Texto de Juan Sebastián Bache (1951-1980)


Comentarios

  1. Hermoso y justo homenaje al animal que junto al campesino aportaron para el universo el PAN DE CADA DÍA ! Felicitaciones !

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    1. Así es, mi buen amigo. Los burros han sido desde casi el comienzo los compañeros de viaje de la humanidad.

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