Elogio de la morcilla
Guarda la humanidad particular afición por la sangre de todo tipo.
Un tal
Drácula obtuvo título nobiliario practicando transfusiones en vivo y el
chiflado deL Federico Nietzche llegó a sugerir que se escribiera con sangre (como
aparece en algunas rancheras mexicanas y boleros de despecho).
Esa predilección por el líquido noble de la vida rebosa de gente las galleras, los cuadriláteros y enardece los palcos de la plaza de toros, aunque algunos aficionados a los rabos y orejas vayan a la fiesta brava no para deleitarse con la sangre de los cornúpetas, (y perdonen el gongorismo), sino más bien con la esperanza de satisfacer su instinto oculto de ver como el irracional gana de vez en cuando, haciéndole al menos un hematoma al torero. A muchos nos pasa. Yo repudio el boxeo y el sumo, pero asisto con una bota a la plaza de toros. Hay caballistas de látigo y espuela, que odian las torturas.
Dirán ustedes: ¿Y hasta los sujetos bienaventurados y pacíficos tenemos propensión por la sangre? Yo digo que sí. Y que tire la primera piedra quien no haya probado una morcilla al desayuno.
La morcilla se conoce en muchos países del mundo y en algunos partes la llaman rellena o tubería negra. «En Francia, el boudin noir es un clásico de la gastronomía francesa». En nuestra costa caribe se come la butifarra, un pariente cercano de la morcilla.
* Comiendo pan y morcilla, nadie tiene pesadilla. (Parecido al refrán: "Con barriga llena, nadie sale a atracar en la carretera").
* Muchas manos en la hornilla, no dejan probar morcilla. (Semejante a: "Muchas manos en la hornilla, alguna de ellas se quema").
* Hacer morcillas para el diablo: Rezar y salir a contar chismes a diestra y siniestra.
* De todos modos la morcilla es negra: Al final, el destino tiene su tinte inevitable.
* «No creo, padre, que la morcilla sea carne». Respuesta de una señora al cura que le prohibía comer morcilla en viernes santo.
En Ubaté, a mediados de agosto de cada año celebran el Festival de la Morcilla que concluye con la coronación de la reina de dicho embutido.
a castigo de incrédulos propenso,
te lleva de las sartas en capilla
al infierno de brasa y humo denso.
de hambriento comensal. A fuego intenso
el verdugo calienta la parrilla
como si fuera a asar a san Lorenzo.
con elegancia ataron tu pescuezo
y la punta de abajo con un ñudo.
te conduce al tormento de la hoguera
con base en una ley: ¡la del embudo!
Texto de Juan Sebastián Bache, música de doña IA:
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