Mascotas

Desde la culebra adoptada por nuestros primeros padres en el Edén, pasando por los hipopótamos de Pablo Escobar, la humanidad siente devoción por las mascotas. 

Una larga enumeración donde abundan perros y gatos, ratones, loros, conejos y hasta animales salvajes.
Enrique III de Inglaterra tuvo un oso polar y Salvador Dalí un ocelote llamado Bebé. 

Michael Jackson no se quedó atrás con su chimpancé, ni Elvis Presley con su canguro. 

La actriz Marylin Monroe convivió con varios canes y decía: «Los perros nunca me muerden. Solo lo hacen los humanos». 

La princesa Tiana tenía de mascota un sapo, Julio Flórez una araña y Baudelaire un murciélago.

Una mascota le brinda a su dueño no solo amor incondicional y compañía, sino otros beneficios terapéuticos. Las mascotas pueden disminuir el estrés, la sensación de soledad, mejoran la salud del corazón, el estado de ánimo y ayudan a los niños con sus habilidades emocionales y sociales. 

Al posesionarse en 2024 como alcalde de Filandia, Quindío, el señor Duberney Pareja llevó su mascota a la ceremonia. Niño, un toro cebú de 750 kilos fue su invitado especial. El alcalde, con nobleza de alma, explicó el origen de la invitación: «Compartir con mi mejor amigo uno de mis mejores momentos en la vida y despertar entre el público el amor por los animales». 

En la literatura existen pasajes laudatorios sobre las mascotas, como el epitafio de Lord Byron para su perro Botswain

Aquí reposan los restos de una criatura
que poseyó la belleza sin la vanidad,
la fuerza sin la insolencia, el valor sin la ferocidad
y tuvo todas las virtudes del humano, 
                                                              sin sus vicios.

A Lord Byron le atribuyen la frase: “Entre más conozco a la humanidad más quiero a mi perro”.

La mascota de un anciano sacerdote de Chiquinquirá, el padre Cuevas, era un arrendajo y siempre lo llevaba encima del hombro, incluso en la celebración de la misa. Una mañana salía del convento de monjas con su mascota y un canasto de brevas, obsequiado por la madre superiora. Al dar a la esquina tropezó con un niño que iba corriendo en sentido contrario y el choque tumbó al capellán. 

En la otra esquina, el Jetón Ferro tomaba aguardiente y fue testigo ocular del suceso. 

El Jetón había sido fundador de la Gruta Simbólica en Bogotá, a finales del siglo XIX, movimiento literario al cual pertenecieron: José Asunción Silva, Enrique Álvarez Henao, Jorge Pombo, el chiquinquireño Julio Flórez y Clímaco Soto Borda.

Antonio María Ferro Bermúdez, tuvo un mico de mascota y vivió en la isla de El Santuario, en el centro de la Laguna de Fúquene, donde fue enterrado en 1952. 


El Jetón Ferro en la isla de El Santuario



Al ver la caída del religioso, el Jetón Ferro describió los pormenores:

Iba para su casa el padre Cuevas,
muy triste y cabizbajo,
en la mano con un cesto de brevas
y en el hombro cargaba su arrendajo.
De pronto, tropezó con un chicuelo:
Fraile, fruta y mascota rodaron por el suelo.
Dos monjas que la escena estaban viendo
corrieron a auxiliar al reverendo
y mientras la una alzaba al padre Cuevas
la otra le alzaba el pájaro y las brevas.

*

Texto del Jetón Ferro y música de IA

Enlace para oír el tropo:







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