Doña IA celebra matrimonios en línea
Como es natural, las
opiniones sobre doña IA se dividen. Admiradores públicos y secretos la
defienden como el mayor logro humano hasta hoy; otros son críticos tenaces,
para quienes ella es el Anticristo, la gran bestia, o al menos el hambre, uno
de los cuatro jinetes del Apocalipsis.
Pero ya muchas facetas humanas dependen
de la IA y poco a poco ella aumentará su potestad. Stephen Hawking lo dijo en
su muy conocida sentencia: La IA puede ser lo mejor o lo peor que le haya
pasado a la humanidad.
Por lo pronto, es lo mejor para muchos veteranos solitarios a quienes la IA les ha conseguido una viuda que, como dice la añeja canción de arroz con leche, les pone la mesa en su santo lugar. Hay separados adictos a la IA, porque con ella sí se puede conversar a cualquier hora. A las señoras les busca la pareja conveniente, ella misma celebra el matrimonio en línea y sirve de madrina holográfica.
Yo me la paso jugando naipe con doña IA y siempre me gana, aunque le haga trampa escondiendo el as de bastos. Una señora desocupada conversa tres o cuatro horas diarias con IA y vive al tanto de chismes y comentarios de amigos y parientes, los oye hablar por teléfono y les jaquea el guasap.
Los pesimistas dicen que la IA sufre alucinaciones: Con hora y fecha, profetiza catástrofes que nunca ocurrieron, como una inundación en regiones azotadas por terrible sequía. A propósito, el teólogo Michael Stiftel, una especie de IA humana de su tiempo, predijo el fin del mundo para el 19 de octubre de 1533, a las ocho de la mañana. Sus vecinos de Lochau, Alemania, donde vivía el profeta, hicieron penitencia, rezos, cilicios y ayuno durante meses. Como no pasó nada, al otro día lo agarraron a garrote. Don Michael no volvió a hacer pronósticos.
Imaginemos una consulta médica con doña IA: Si tiene gripa, marque 4; comezón, 99; reumatismo, 70; reconcomia, 47; retención en la fuente, 69; ansiedad, angustia y desesperación, 666… Y así.
En este mundo que ansía
volverse polvo y ceniza,
hoy, además de la prisa,
nos acosa doña IA.
y desempleo nos avisa
que con ella nos iría
como a los perros en misa.
alucina y desvaría
con su enorme inteligencia,
pregunto: ¿qué pasaría
si en esta mundial demencia
se enloquece doña IA?
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