Cartas de amor de enamorados famosos
Hasta
el siglo pasado se usaron las cartas a través del correo físico, para comunicar
sucesos familiares, personales o de negocios. Entre las más apreciadas está la
carta de amor, escrita a mano por el remitente.
De estudiantes usábamos la
carta de amor, enviada a su destino por medio seguro, para que no cayese en
manos de suegros, curas, profesores o compañeros de clase que la leían en
público, sometiendo al firmante a la picota del escarnio.
La carta de amor expresa el noble sentimiento y aun la desesperanza por no ser correspondido.
La historia registra cartas de amor de enamorados famosos, entre ellas la de Napoleón a Josefina:
De Bolívar a Manuelita Sáenz:
«Y tu corazón justo nos separa de nosotros mismos, puesto que nos arrancamos el alma que nos daba existencia, dándonos el placer de vivir. En lo futuro tú estarás sola, aunque al lado de tu marido. Yo estaré solo en medio del mundo. Sólo la gloria de habernos vencido será nuestro consuelo... S.B».
De Neruda a su primera novia Albertina Azócar:
«Qué alegría ver este pasto verde, estos cerros oscuros de las nieblas del atardecer y sentirme yo, yo mismo, libre de tanta tontería. ¡Ah! Si tú estuvieras, Albertina. Si estuvieras junto a ese brasero que me entibia, si estuvieras con tus hermosos ojos tristes, con tu silencio que tanto me gusta, con tu boca que necesita mis besos».
De Don Quijote a Dulcinea:
«Soberana y alta señora: El herido de punta de ausencia y el llagado de las telas del corazón, dulcísima Dulcinea del Toboso, te envía la salud que él no tiene. Si tu fermosura me desprecia, si tu valor no es en mi pro, si tus desdenes son en mi afincamiento, maguer yo sea asaz de sufrido, mal podré sostenerme en esta cuita, que además de ser fuerte es muy duradera. Mi buen escudero Sancho te dará entera relación, ¡oh bella ingrata, amada enemiga mía!, del modo que por tu causa quedo. Si gustares de socorrerme, tuyo soy; y si no, haz lo que te viniere en gusto, que con acabar mi vida habré satisfecho a tu crueldad y a mi deseo. Tuyo hasta la muerte, El caballero de la triste figura».
Y la de Judas a su esposa Altagracia:
«Como sabes soy el tesorero de la comunidad. Guardo los dineros del clan y respondo por ellos.
La carestía, el pago de impuestos. los constantes viajes del Maestro y sus discípulos por todo el país, fueron mermando los ahorros de los últimos tres años, acumulados a punta de esfuerzo, donaciones de fieles y verdaderos milagros de administración.
Como todo llega a su fin, hoy quedé debiendo la última cena y me tocó volarme por una ventana pensando en atracar a alguno de los mercaderes del templo. Entonces recordé la sugerencia que me hizo el Maestro mientras tomaba vino y me tocó la mano cuando la metimos en el plato. Conseguí treinta monedas y pagué hasta el último denario.
Sin habernos puesto de acuerdo, hicimos bien el papel en el Huerto de los Olivos. (Al Maestro no le va a pasar nada. Él se les vuela).
Pero la plata ahorrada de mis compañeros se pierde, porque en estos casos el banquero traslada la pérdida a sus clientes.
Por eso no podré salir a la calle sin que los otros apóstoles me señalen de traidor, facineroso, maleante, ladrón, etc., y ante el riesgo de que algún desaforado me corte una oreja o me crucifique, he tomado la determinación de desaparecer por un tiempo, mientras se calma el ambiente. Aquí, en confianza, te cuento: Voy a ser el segundo Lázaro, con cambio de cara y cirugía plástica incluida, pero tú podrás reconocerme fácilmente. Chao, pues. Yo arrimo por allá un día de estos. J. Iscariote».
EPÍSTOLA A UNA NOVIA DE ANTEAYER
(Tango de salón)
como antaño una historia de amor,
principiada en la tienda de la esquina
con un litro adulterado de licor.
Comedia… Se levantó el telón
en el zarzo que daba a la cocina
donde rezábamos el yo pecador.
luego de atar los perros belicosos
y aceitar las bisagras del portón.
Hoy me siento simbólico y vacío
y ya no queda nada en mi interior.
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