Breviario del escarabajo

 


1

Esa impaciencia de ocultar en el último renglón 

de oscuridad su carga 

Esa inquietud de buscar en los despojos 

el abrigo y la luz para el invierno


2

Traigo olores adquiridos en el viaje,

oler a muerte, a infortunio, a iniquidad,

no es el mejor presente de regreso.

Quiero bañarme en ti, quitar de mis pasos 

el vaho de tempestad que me acompaña,

hacer mi último robo a mano armada,

apropiarme del aroma de tu nombre,

oler a tu olor, 

                a bosque, 

                           a sueños,

                                    a niebla de la tarde.

3

Casi inaudible cuando baja entre la hierba 

y juega con piedrecillas de colores,

pero, ¡qué aterradora cuando disfrazada de granizo 

                                                                      araña los tejados, 

y golpea mi ventana con el martillo de la tempestad!

4

En alguna etapa de la vida, comenzando por el muñón umbilical, 

hemos lidiado con cicatrices,

unas se desvanecen 

con los años hasta olvidar la causa, 

otras disminuyen su intensidad con maquillaje, cirugía 

o manteca de cacao. 

                    Quedan las grandes, las imborrables, 

       las resistentes a toda clase de procedimiento, 

las que dejan secuela y mudan la apariencia del rostro. 

              Tales cicatrices impiden reír.

5

Abre de par en par los ventanales  

                             desviste el humo,

apuesta con las hojas de un tejado a otro, 

en la tarde sacude la alcatifa del trueno. 


Este viento capcioso, 

                            intimidante, 

amortaja con lluvia o polvareda.

6

Floreció el espino del patio esta mañana

y sus flores tardías 

perfumaron de luz el vecindario

Quienes esperaron sus flores media vida

ya se habían marchado de la casa.

7

Me he alejado del que habita en la pieza del fondo

hasta olvidar 

que cumplimos años el mismo día.

Antes le contestaba con gruñidos cuando quería verme,

ahora 

dudo si habla, 

si aún existe. 

¿Alguien sabe quién vive en el cuarto de adentro?

8

¡Quién pudiera tener las cosas anheladas 

que ayer tuve y perdí! 

           Esta vida 

                          inhumana 

                                       ve el futuro 

y otorga los deseos antes de tiempo.

Cuando no estamos listos.

9

Como ustedes, también tuve un bosque en la cabeza, 

con sus nidos de pájaros, 

camaleones, mariposas, chicharras… 

Año tras año la sequía fue diezmando 

el paisaje, hasta convertirlo en el desierto 

de mi hábitat, donde llevo la cuenta de las pérdidas.



10

De niños, el papá nos parece

muy grande. Y cuando empezamos

a reducirnos, él crece más.


11

¿Adónde van los poetas cuando mueren? 

¿Al viento, 

a la luna, 

al exilio de los árboles?

¿A refugios que amaron y soñaron?

Algunos se quedan.


12

Cuando parte a destiempo una persona amada 

nos puede quedar la sensación de algo no dicho.

Entre la incredulidad y la esperanza.  

a veces deseamos alcanzarla y hablar 

por un momento al oído del destinatario,  

En tarde soleada o mientras la lluvia dibuja 

en los cristales la premonición de sus fracturas,

nos quedamos mirando a lo lejos, 

                         a través de la ventana, 

y allí permanecemos inmóviles, pensando, 

con una palabra detenida en los labios, 

                esa palabra que faltó por decir.


13

Como una mariposa a salvo de la muerte 

la esencia de las personas fugaces  

queda en los jardines del corazón 

de quienes las amaron  

Para empezar  

les decimos adiós con rosas blancas


14

Junto al Caribe construimos un reino, un castillo, 

una fuente de luna.

Una tarde inacabable sus parientes la llevaron a la ciudad 

y yo subí a la torre para decirle adiós. 

Annabel, mi dulce Annabel de ojos que sonríen, 

en algún país, 

          un demonio, 

                 un profeta, 

                                 un sabio, 

                                                un loco,  

                 alguien detuvo el sol cuando te fuiste.

15

¡Ah soledad

         que cruje 

                 en las amarras

              de la balsa

      olvidada

en la ribera!

16

La luna llena es el más dulce

beso de luz para todas las ventanas

Cuando la mayoría están cerradas

17

Guardamos lo imprescindible en el bolsillo

secreto del morral

Y al tiempo de buscarlo

vemos en el fondo el agujero negro

del tiempo.

Por ese agujero atrapa los sueños

18

Me gusta soñar contando estrellas y ya perdí 

la cuenta de los sueños y de las estrellas.

Me he ido convirtiendo en astrónomo aficionado 

y puedo asegurarles que en el cielo crepuscular 

                               falta una estrella. 

Sin éxito la rastreo con el catalejo de las manos 

sobre la Loma de La Vieja, donde podría subir 

con una caña y rasgar el firmamento para ver si la apagaron.

Ningún telescopio ha confirmado la certeza 

del astrónomo artesanal: 

          Sentir el vacío dejado por la estrella, 

                 reparar en su luz cuando no existe.

19

Si tomas una selfi con el fondo del cielo despejado 

                                                    de agosto, 

y con pincel de oscuridad borras las aves, 

         el sol,

               la cometa, 

la celosía entreabierta de la tarde, 

pegas nubarrones hasta la hora del viento, 

el chubasco aparece cuando menos lo esperas.

20

Al amanecer 

     regreso de la niebla

          con variaciones 

             en la ley 

                   de la gravedad:

             ¡Cómo pesa la noche!

 

21

Rumbo a Puerto Errátil

he subido a bordo mi naufragio; 

cercana lejanía fuera de mapa,

isla que aparece y desaparece en mar abierto,

tal vez nunca te encuentre

22

Hay taller de lectura después de la tormenta:

En el barro

                      leemos

                                    los pasos

                                                      del que huye.

23

¿De qué país vendrá?

¿A cuál desierto se dirige hoy? 

Lluvia juguetona, pendenciera,

o tempestad

que borra nuestros pasos

24

Los días pasan de largo y dejan el desastre 

que la rutina hace del entorno. 

¿Para qué maldecir los días opacos? 

Una que otra tarde encapotada me da tregua 

para abrirle el postigo 

a esa lejana mariposa de luz.

25

Los zapatos huelen a camino, a fuga, a excremento de mascota, 

aun recién lavados huelen a humanidad, huelen a sueños. 

Con ellos vamos al templo, a la guerra, a la visita, al trabajo, 

                                                                             a la cita de amor, 

a menudo se salen del sendero o pisotean. Amoldados al pie del dueño, 

ignoran los espantos que suelen esconderse en el regreso, 

conocen los recodos por donde el caminante ha trazado su ventura, 

Las huellas huyen de nosotros y a veces nosotros huimos de las huellas…

Aunque estén anchos y gastados, ¡qué difícil ponerse 

                                                               en las sandalias de otro!

¿Será que los zapatos recuerdan lugares entrañables por donde pasamos? 

¿Al caminar sin rumbo, dejándolos actuar, el inconsciente los guiará 

                                                    a donde sentimos encanto y bienandanza?

De mi abuelo Juan Antiporti escuché la certeza: 

El calzado lleva el mapa, la marca de sitios perdurables en la ruta del transeúnte. 

En las abolladuras de la suela, en los cordones, bajo la lengüeta, 

en el cuero desgastado por el lodo y la piedra, 

                                                guardan la memoria de tus días de sol.

26

Curtido de luchar contra los dioses

vuelve a la playa 

donde las olas trajeron su naufragio. 

Hay celebraciones en la despedida.

Su patria es el mar.


27

El amanecer pasó por la ventana y su llovizna 

les puso ojos a las piedras,

luego las cigarras con su canto de herrería, 

la locura de los pájaros, abejas,

           mariposas, 

                                      libélulas, 

contagian la complicidad del mensajero 

que hace enamorar y lleva y trae el beso de los árboles.

Al fondo, garzas verdes durmiendo en la neblina

y la montaña, esa hermosa montaña que parece decir: 

Tiempo de reencuentro…  

                                  Tómate de mi mano y caminemos.


28

Perdido en la montaña hay un camino

     que no lleva a desierto ni ciudad,

             da al observatorio más cercano

                     y distante de los sueños,

llega a las puertas de tu corazón.

29

Es un árbol dormido la guitarra 

Cuando despierta  

las aves regresan 

al lugar donde nacieron.

30

Un sueño equivale

a un cocuyo,

un cocuyo es igual

a una estrella,

una estrella

dura menos que un sueño.


31

Viajo con una piedra en el bolsillo. 

Al subir al galeón intentaron quitármela 

pensando que la llevo para matar una gaviota. 

                      Pero es una piedra de colores.

          La llevo para escribir tu nombre 

en la playa del país que descubramos.

32

Besan la tierra,  

navegan, se esconden en el bolso secreto de la alforja,

no siempre la patria de los sueños es el viento,

pero aun los inconclusos, los irrealizables, 

aquellos que añadieron soles de penumbra a nuestra noche, 

como ancianos compañeros de viaje

permanecen constantes alumbrando el ocaso.

33

Para saber cómo vuelan las notas 

las teñimos de colores: 

negra, 

       blanca, 

                gris, 

                        roja, 

                                  azul, 

                                           verde… 

Gira la música y todas se vuelven blancas.

Entonces las vemos en los campanarios.

34

Encontrarse con alguien apreciado a quien no veías 

desde hace años y compartir una charla, un café; 

volver a la barriada, sin atractivo para otros, en donde por razones

que solo tú conoces te agradaría quedarte para siempre;

oír de memoria voces veneradas tras el errante muro de calima,

                                                 comparar el viento de la tarde 

                      con la brisa que acarició tu rostro sin arrugas, 

releer esa página estupenda que escribiste al influjo de la tempestad. 

A estos y otros rubros similares de tu lista de resarcimientos,

en el balance general de ganancias y pérdidas  

los entendidos llaman el fluir del tiempo… 

Y para nosotros el fluir del tiempo, no es cosa distinta 

a ir llenando la alforja de presencias… y ausencias.

35

En la baranda de la escalera, el café, el pasamanos del bus, 

la tienda, la puerta, los libros, en la banca de templo, 

en los sitios comunes, huellas de manos antiguas y de hoy, 

personas que dejaron testimonio de su paso.

Recomiendan los médicos lavarse las manos

pero algo queda después del agua y el jabón.

Poner las manos donde otros dejaron con las suyas 

sueños, corazón, desesperanza, tal vez dolor de su jornada, 

es saludar a compañeros invisibles, saberse parte de este cuento, 

sentir que no estás solo caminando 

                                              el camino que se hace sin andar.  

36

Con algo de trampa, en esta carrera 

que llevamos la vida nos deja rezagados.

Y cuando tratamos de alcanzarla,

ni la vemos.


37

No pocos le tenemos miedo al micrófono. 

De joven, cuando tocaba acordeón, 

el animador me anunció en la tarima 

de las festividades de mi pueblo. 

Me acercó el micrófono y yo di un paso atrás, 

de nuevo lo acercó y me alejé otro paso. 

Finalmente me detuvo la pared y perdí el desafío. 

Se me ocurre que así hemos venido haciendo 

                           muchos con la muerte, 

buscamos retirarnos de ella como sea, 

con todos los recursos posibles, 

en tanto, ella acosa, arrincona, nos va cercando 

hasta no permitirnos huir más. 

Solo queda desearnos que cuando nos detenga 

           su fría pared, haya paz en nuestros labios, 

                              un canto de amor en el corazón.

38

Puede suceder en la mañana, en la noche, 

en día luminoso 

o en la tarde, 

quizá ahora, mientras el temporal enseña

 sus dientes de granizo. 

Saldré como quien va a comprar algo a la tienda, al mercado, 

tal vez a saludar a los amigos de otro pueblo, 

diciendo apenas un “no tardo” o “ya vuelvo”, 

a lo mejor con leve abrazo. 

Nada fuera de lo común, de eso se trata.

39

Volar con presagio de tormenta,

soñar con el beso de la niebla, conociendo al gigante

que acecha y nos vence en el desfiladero,

querer más de la cuenta sin pasar la cuenta,

saber que si el día inaugura su estancia en otros bosques,

                             para nosotros prevalece la flor.

40

Quien ha llegado a la edad más hermosa de su vida

no tiene nada que esconder. 

Aunque haya sido por días la cárcel intangible tu refugio

y te sientas untado de algo peor que la tristeza,

si en tu oquedad de escarabajo 

                              una luz desde adentro te da alas, 

no eres el demonio que imaginas 

sino un ángel caído en el estiércol.

41

Hay una manera de integrarnos a la fiesta 

de la noche estrellada: 

Lanzar un pedrusco apuntando a una estrella, 

el proyectil puede caer en el tejado 

y despertar al dueño de la casa, 

pero si lo lanzas con toda la fuerza de tu espíritu,

no bajará.

42

Antes de la demolición decidí pintarla,

restaurar la escalera, 

                                el cuarto de adentro, 

          el corredor, el patio...

Es la versión más bella de la casa.


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