El saludo y el tapabocas
«Nos estamos quedando sin palabras»,
escribió en el siglo pasado la poeta boyacense Laura Victoria, mucho antes de convertirnos en la generación del tapabocas. Y se quedó corta. Nos estamos olvidando de las palabras habladas y escritas, de las letras, a excepción de las de cambio, apreciadas todavía por algunos letrados. Los números siguen en vigor porque la vida, como dijo Pitágoras, debe escribirse con palabras y números.
La pérdida semántica incluye el saludo. El tapabocas extingue la sonrisa y la costumbre de saludar en voz alta, posiblemente porque no se oye. Está de moda el saludo entre dientes y la contestación con un rebudio.
El distanciamiento halló solución en las redes sociales. Los emoticonos reemplazan las palabras, el saludo, la alegría, la tristeza, los sentimientos. En vez de presentar disculpa o felicitación, es genial compartir una carita, poner me gusta indiscriminadamente, mandar stickers, aplausos, risas, guiños y memes, amontonados por los contactos en la red.
Nos llegan treinta o cuarenta saludos, todos iguales; docenas de fórmulas de cumpleaños, onomástico, buenos días, buenas noches, frases amorosas, insultos, oraciones de santos y gurús. Y el manual dice: Deben reenviarse sin leer para que surtan efecto. La bendita pandemia asfixió la creatividad y nos retrajo a la edad de los jeroglíficos.
Si no hay manera de evitar el encuentro con alguien, es apropiado saludarlo con los puños, como hace más de doscientos años lo hacían los pandilleros de Nueva York.
Los románticos añoran la mano extendida, el abrazo, el apretujón, el ósculo en la mejilla, la cortesía oral o escrita, aun la indirecta o la seña con los dedos, según el estado de ánimo del saludador. Saludar con beso evita el Alzheimer y el adormecimiento del espíritu.
Para su libro sobre la reina Isabel II de Inglaterra, el biógrafo Robert Hardman entrevistó a la princesa Ana y ella le confió un secreto de su real madre. «Ella porta una mano falsa para saludar». Mete el brazo en un guante de peluche asegurado al sostén y con un ligero toque una palanca de madera dirige la mano falsa hacia sus súbditos. La reliquia, diseñada por estudiantes australianos, tiene contador electrónico de saludos. En las ceremonias de besamanos el registro sobrepasa las mil apreturas.
El truco se descubrió en la cena del cumpleaños 92 de la señora. Quedó mal asegurado el artefacto y al proponer el brindis, la mano cayó en la sopa del embajador de la India, ante el horror de los demás comensales. Muchos creyeron que la mujer más famosa del mundo se estaba desarmando.
ELOGIO DEL SALUDO
Ahora que perdimos el saludo,
el abrazo, el beso, el apretón,
nos distancia la tos, el estornudo
y hay que usar mascarilla en reunión,
saludamos con puño y a menudo
sin hablar ni escribir salutación,
como lengua mortal decir no pudo,
con meme, sticker, me gusta, emoticón.
Ya pocos saludan con agrado.
Esta pandemia, fosca, prendediza,
oscureció la boca y el papel.
Que retorne el saludo del pasado,
con mano franca o con mano postiza,
como la que usa la reina Isabel.
(Texto de un autor anónimo que murió de covid en 2021)
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