Tarzán


En 1912, Edgar Rice Burroughs, un escritor gringo de género fantástico, creó la figura legendaria de Tarzán...

en su novela Tarzán de los monos y luego lo alquiló para las tiras cómicas de los principales diarios del mundo.

Debido al éxito de sus publicaciones, Tarzán ascendió al cine y a partir de 1932 fue interpretado por el actor gringo, de origen alemán, Jhonny Weissmüller, un nadador exitoso. En su carrera consiguió cinco medallas de oro olímpicas, una de bronce, estableció 67 récords mundiales, ganó 52 campeonatos nacionales de los Estados Unidos y nunca perdió una competición. Se retiró invicto de su carrera en la natación aficionada.

Jhonny Weissmüller, Tarzán, murió el 20 de enero de 1984 a los 64 años de edad, debido a una afección pulmonar y fue sepultado en el cementerio Valle de la Luz de Acapulco, México.

Apenas falleció, los periódicos donde se publicaban sus hazañas lo excluyeron de las tiras cómicas, porque, como dijo Epstein, «es irrespetuoso que un finado ande en calzoncillos por las páginas de los diarios».

Su famoso grito, una de las curiosidades de las películas de Tarzán, le dio voz a la visión de Edvard Munch y fue creado por los ingenieros de la Metro Goldwyn Mayer, combinando gruñidos de animales salvajes con vociferaciones de políticos excluidos del reparto. El Hombre Mono abría la boca y en el cine se escuchaba ese berrido infrahumano. 

Al final de su vida Tarzán lo aprendió a la perfección y le servía para aterrorizar a sus enfermeras cuidadoras, en el manicomio donde lo internaron por haberlo obligado a ponerse ropa y salir de las selvas de África, continente en el cual viajeros ingleses aseguraban haber visto hombres con rabo. 

Tarzán significa piel blanca, en lenguaje manganí.

Su miedo a las arañas, con frecuencia lo sacaba en carrera de los escenarios y debían darle viento con un abanico para reponerlo. Tarzán, «esa bestia naturalmente buena y rusoniana», prefirió la compañía de las fieras y de Chita, su mascota simia, a vivir con lagartos, mulas, culebras, alimañas, aves de rapiña y otros exponentes del zoológico humano.

Paz a la tumba del ermitaño que se escondió en el monte, huyendo de la sifilización… y otras cosas peores.

Como le quedaron debiendo un Óscar por su actuación en una docena de películas, en las bodas de plata de su muerte, la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas lo exaltó con un obituario, de la siguiente manera:


TARZÁN

Ya se murió Tarzán, el tipo rudo
que de la selva en África salía,
le gustaba gritar casi desnudo
y nunca lo cogió la policía.

Ni la mosca del sueño ni el zancudo
pudieron con su recia anatomía,
jamás supo lo que era un estornudo,
pero al fin lo mató una pulmonía.

Le debemos la estatua. Anima pía
que pegaba un berrido impresionante
y del grueso bejuco se prendía.

A la zaga de simio horripilante,
montaba también en elefante,
¡cuando nadie de sida fallecía!

*

Texto de Juan Sebastián Bache (1951-1980,  música de IA.

Berrido:






 

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