Cuando todos hablaban el mismo idioma, los reportajes de las comadres tuvieron importancia mundial.
Se transmitían por las redes sociales de los maravillosos tiempos de la antigüedad, gritando de una montaña a otra o por medio de señales de humo.
Sin motivo aparente los caciques tribales hicieron cueva aparte y cada uno les cambió la lengua a sus electores. Comenzaron a llamar las cosas de otra manera y quedamos incomunicados.
Algunos culpan a los contratistas de la torre de Babel, cuyos planos y negocios enrevesados originaron la confusión de lenguas y las bestialidades de los traductores.
Sea como fuere, para el mejoramiento de la comunicación global inmediata, la humanidad debió esperar hasta el siglo de la inteligencia artificial. A través de internet los chismes cobijan el planeta en menos de un segundo, traducidos a miles de idiomas, jergas, dialectos y lenguas vivas y muertas.
¡Hermoso el tiempo de la humanidad de una sola lengua! Se entendían camaradas y gringos del paleolítico, los pobres con los acomodados, los borrachos con los cantineros, el lobo y el cordero, las señoras con los maridos. Ahora cada quien maneja su idioma personal y con sus propias reglas intenta imponerlo a los demás.
Aparte de las señas, los mortales podemos hablar con emoticonos y jeroglíficos. Hay más idiomas que países, tantas jerigonzas como entidades, tantos guirigayes como partidos políticos. La internet es la nueva torre de Babel.
Como dijo Nicolás Buenaventura, (y si no dijo, lo debió decir), confundimos en ella el nicho del santo con el puesto del delincuente, sin distinguir al señor de la señora, el bandido del congresista, el sabio del sabiondo, la víctima del victimario.
Regresamos a la torre de Babel para entendernos.
Previendo la degradación de las lenguas, observada hoy en todo el mundo, el oftalmólogo polaco Luis Lázaro Zamenhof inventó el esperanto, el idioma ecuménico para sustituir el lenguaje de la guerra y de los armamentos.
Aunque existen hablantes en muchos lugares del mundo, el esperanto no goza de popularidad.
Afortunadamente la vida evoluciona y no hay motivo para deslenguarnos. Una variante del esperanto empieza a conversarse en todas partes, el nuevo esperanto, una especie de lengua nativa y democrática, hablada hoy por millones de individuos de distintos pueblos, ámbitos y escaleras sociales.
Sin diccionario ni reglas de sintaxis definidas todavía, es la lengua oficial de la ONU y demás organismos internacionales, donde se habla con infinita complacencia.
En ella se expresan también las personalidades del mundo, mandatarios, reyes, banqueros, narcos, periodistas, gerentes, políticos y hasta el inepto vulgo.
El otro día leí en alguna parte, no sé dónde, el ELOGIO DEL NUEVO ESPERANTO, idioma del presente y el futuro:
¡Lenguaje universal nunca alabado
por foros y academias! Hace rato
lo conversa el vicioso y el beato
la comadre, el ladrón y el potentado.
Es la lengua de Cámara y Senado
que hablan por igual los de alto estrato,
presidente, empresario, magistrado,
y el humilde elector, que paga el pato.
En todos los lugares del planeta
del letrado hasta el más analfabeta,
tibios, derechistas o de izquierda,
burros, sabios, beatos y paganos,
mandamases y hambrientos ciudadanos,
hablan el mismo idioma: ¡pura mierda!
Texto de Juan Sebastián Bache (música de doña IA).

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