Antes de la información en tiempo real, los lectores de prensa debían comprar el periódico para enterarse de lo que estaba pasando.
Hubo pueblos en Colombia donde la prensa llegaba con dos o tres días de retraso, en correo de mula. Aun así, la gente de esa época vivía en la modernidad de las comunicaciones, si comparamos con el tiempo del ruido cuando las noticias de España llegaban a bordo de las carabelas. Los cronistas cuentan cómo los criollos santafereños debían regocijarse con el nacimiento de una infanta o llorar por la muerte del rey, por mandato de la Real Audiencia. El bando los enteraba de los sucesos ocurridos en la corte española dos o tres meses atrás.
El 9 de agosto de 1819 Simón Bolívar entra victorioso a Santafé, después de las batallas del Pantano de Vargas y de Boyacá. La gente sale a recibirlo hasta el Convento de San Diego, una edificación construida por los franciscanos a comienzos del siglo XVII, en terrenos de la hacienda Burburata, al borde del viejo camino de herradura de Tunja a Santafé. Por ahí se conservaba la construcción de estilo neocolonial, conocida como la iglesia de San Diego, en el barrio del mismo nombre, situada entonces a la entrada de la capital.
| Convento de San Diego (1920) Foto de la web |
Tiempo después fue designado presidente de la Nueva Granada don José Ignacio de Márquez, de Ramiriquí, Boyacá. Vino desde su tierra a tomar posesión de la presidencia, acompañado de muchos seguidores que se unieron a la cabalgata de recepción en el Puente del Común y entraron a la capital con una banda de músicos, pólvora, vivas y aclamaciones.
El hermano Benjumea, casi sordo, pudo oír la algarabía y se asomó a la ventana para preguntarle a uno de los de abajo sobre la causa del bochinche. «Ay, padrecito, le gritó el feligrés haciendo bocina con las dos manos, es que viene un dotor Marcos de Boyacá a sentarse de presidente».
El fraile, sacudiendo las manos como si se las hubiera quemado, dijo: «Y entonces… y entonces… ese tal Golívar… ¿qué se hizo?».
El Libertador había muerto siete años antes, en 1830.
Un cuento histórico amigo contrateño. Gracias por trasladarnos al pasado, en particular a los parajes del camino real. bueno, la Iglesia, siempre a favor de quienes ostentan el poder.
ResponderBorrarGracias, Nauro. Este relato tiene fundamento histórico. Ya en su vejez, en Málaga, me lo contó el cura José Agustín Amaya, que fue miembro de la Academia Boyacense de Historia.
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