La verdad está en las novelas
Los antiguos imaginaban la verdad como una virgen desnuda que vivía escondida en un pozo.
Todavía sale una vez cada cien años a darse una vuelta con un espejo en la mano, pero quienes la reconocen la cubren para que no aparezca como estrella porno.
Enseñan los kilósofos que no debe hablarse de verdad, porque existen tantas verdades como personas, es decir, la verdad pragmática, sintética, simbólica, analítica, raquítica, verbal, semántica, de hecho, de razón, moral, sincrónica, anacrónica, absoluta, impoluta, empelota, lógica, ontológica, coprológica, la Comisión de la Verdad, la postverdad, la retroverdad y las supuestas verdades, como los periodistas llamamos ahora a las mentiras, aunque las más conocidas son las verdades de Perogrullo.
Pitágoras dijo: «Si todos dijeran la verdad, este mundo sería un infierno al cuadrado».
La verdad de las mentiras es un supuesto ensayo de Vargas Llosa donde expone el caso de un abogado que antes de terminar la audiencia manifiesta su opinión sobre el defendido y el delito que se persigue, diciendo que todas las pruebas en contra del imputado son ciertas, que el acusado es realmente el asesino y un bandido de la peor especie y revela el monto de las sumas dadas al juez y al fiscal para lograr la absolución del reo. El ensayo no dice si al jurista lo volvieron a contratar otros malhechores o lo nombraron en algún cargo importante.
Cuenta, además, de cierto político honesto que en el lanzamiento de su candidatura, dijo en TV: «Ustedes, las masas populares, me importan un carajo. Lo que busco es buen sueldo, tengo hijos, parientes, esposa, novia, novio, amigos, etc., necesito puestos para ellos, coimas, una mansión, finca, carro último modelo, dieta de congresista, una pensión gruesa, etc., &c., de modo que ustedes solo son importantes para mí el domingo de las elecciones y nada más. He dicho».
Esculapio, el dios de la medicina, aconsejaba a los médicos no decirle la verdad al paciente, así la supieran, porque más de la mitad los enfermos morirían del susto.
¡Cuántos sinsabores evitarían las parejas si se contaran la verdad antes del matrimonio, si los bancos le dijeran al cliente el total preciso que le van a cobrar por el préstamo, si el vendedor le diese al comprador una lista de los defectos que tiene el inmueble u objeto que le vende, si el ministro contara que el aumento de impuestos va para financiar los desfalcos, si el contratista revelara las coimas que recibe y con quienes debe compartirlas para que le den un contrato, si el malhechor le advirtiese a su víctima que los billetes con que le paga son falsos!
Muchos lectores también creemos que la verdad está en las novelas. Allí sirve para complementar eficazmente las limitaciones y frustraciones de la vida real, porque la verdad es inexistente en la realidad y si existiera no debe decirse. “¿A quién le importa la verdad cuando se trata de ganar una elección?” .¿Será cierto?
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Texto de Juan Sebastián Bache (1951-1980), música de doña IA:
AUDIO:
(Tango de salón)
La verdad represéntanla desnuda
y a pesar de su anuncio en el mercado
hay poco admirador: la verdad cruda
no se puede decir ni en el juzgado.
y a pesar de su anuncio en el mercado
hay poco admirador: la verdad cruda
no se puede decir ni en el juzgado.
El crítico la tuerce, el abogado
prefiere a la verdad jugosa duda,
¡qué verdades disfraza el buen casado
y cuántas en su honor tapa la viuda!
El médico la calla a su paciente
porque nunca la sabe a ciencia cierta.
¡Es la verdad una poción amarga!
¿Cuál portero le dice a un presidente
que es sordo, de conciencia muda o tuerta
o que tiene nariz torcida o larga?

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