Amor al arte

El presente nos volvió prosaicos, vulgares, alejados del arte y de la vida. 

Conseguir algo para el almuerzo nos apartó de los clásicos, (aunque algunos hinchas todavía asisten a los clásicos, así no tengan el atractivo y la propaganda de antes).

El asalto a mano armada y desarmada, el tumbe, el peculado, el plato vacío y la desesperanza, impiden paladear el arte como se debiera.

«Con hambre y desempleo, de Horacio Flaco,
¿quién saborea la Epístula ad Pisones?
¿Y quién, en un atraco,
recitará de Píndaro, Canciones?».

La humanidad necesita médicos para aliviar sus dolencias corporales y artistas para elevar el espíritu y satisfacer la necesidad de belleza, innata en el ser humano. El arte, dicen los kilósofos, surge por necesidad, como la invención de herramientas para sobrevivir, el puente del lenguaje para comunicarnos, las normas para convivir o las cadenas para esclavizar civilizaciones y culturas.

De labios para afuera, es común entre gobernantes elogiar el arte. Se agasaja a los artistas, pero se les niega el presupuesto para sus obras. A menudo a los artistas neutrales los distinguen, antes de utilizarlos con fines siniestros. La música es el ruido menos molesto, decía Napoleón Bonaparte. En alguna de sus campañas su ejército iba diezmado y los generales viajaban a pie, mientras los músicos que el Primer Cónsul llevaba para animar a los soldados en el combate, iban a caballo. Cuando los oficiales protestaron por el trato, Napoleón les dijo: «Generales hago yo en un día, los músicos se hacen en años».

El maestro Gustavo Gómez Ardila, director de los coros de la UIS, dijo en una charla: «En Colombia no se aprecia ni a los artistas ni a los maestros de escuela». Algo verídico e infortunado. Obras de arte llaman en algunos lugares a las alcantarillas construidas en las carreteras.

Pocos valoran el esfuerzo del espíritu consagrado al arte en medio de la brega cotidiana, la esclavitud económica, la amenaza de bombas y masacres o la hambruna de la humanidad. Los artistas perseveran desinteresadamente sin esperar recompensa; se dedican a su obra, aunque muchos no puedan vivir de ella o queden sujetos al apedreamiento social. Trabajan por amor al arte.

 Al lado de la crisis energética el músico recoge sinfonías. Luego del alza de servicios públicos, el pintor esboza bodegones, bosqueja claridades, el escultor encuentra el ángel oculto en la cantera. Actores y danzantes continúan con nobleza la función, frente a la impunidad del raponazo al erario. Luego de un genocidio, el asesinato de un río o el degüello de un bosque, el poeta se consuela con la musa.

Entre la realidad huracanada y la cizaña del tiempo perdido, crece y se eleva el arte como el cactus milagroso del desierto, reafirmando los principios de otra ley de la compensación: la desventura suele conducir a la inspiración.

Juan Sebastián Bache escribió un motete,  mientras se recuperaba de haberle caído encima un estante con los libros que había escrito.


DESPERTAR
Hasta mi ventana
trae el aura sutil de la mañana
aroma de azahar.
Se inicia el concierto montañero
asustado despierta el gallinero
y me pongo a silbar.
La mirla ensaya un trino,
con azadón al hombro pasa mi padrino
y yo le digo:¡adiós!
Será un hermoso día
para la poesía
Ojalá no decreten un alza en el arroz.

*

Letra de Juan Sebastián Bache, música de IA

Enlace:


Comentarios

Publicar un comentario

Entradas más populares de este blog