Tratamiento de cortesía
Un estudio del Centro Virtual Cervantes trae interesantes datos sobre tratamientos de cortesía.
Los tratamiento de cortesía son utilizados por quienes se dirigen con respeto a las demás personas.
En la antigüedad hubo tratamientos obligatorios, cuando el esclavo o el criado le hablaban al amo o al señor. El tratamiento variaba según la altura del superior. En el castellano antiguo aparecen tú y vos, pero en la Edad Media el trato de tú solo era aceptable en el ámbito familiar. Fuera de ahí se mantuvo para dirigirse a los inferiores. El vos se reservaba al rey, al noble o a individuos prestantes. Del latín dominus, dueño, surgen las formas don y doña para referirse al dueño de la propiedad.
A partir del Renacimiento, el vos pierde carácter reverencial y la costumbre impone otros términos de cortesía: vuestra merced, vuestra paternidad, vuestra reverencia, vuestra señoría. Con el tiempo vuestra merced se convierte en usted, vuestra señoría en usía, vuestra reverencia en vuecencia y así llegan a nosotros. De esa época sobreviven el tú, el usted y el vos, aún utilizado como segunda persona en Argentina y algunas regiones de Colombia. Vuecencia y usía están en desuso; en España emplean el vosotros.
Del latín senior, persona de más edad, se derivan señor y señora. Anteriormente decían mi señor, mi señora. Mi señora se redujo a misiá, trato usado todavía en Boyacá y otros lugares. En algunos países, misiá era propio de casadas o viudas.
En la cotidianidad quedan tratos, algunos con poco usuario, como su reverencia para monjas y sacerdotes; reverendísimo para abades; ilustrísimo o su ilustrísima para vicarios; su señoría para jueces y canónigos; excelentísimo, su excelencia o monseñor para obispos, arzobispos y nuncios; su eminencia para el cardenal, su santidad para el Papa y su honorabilidad para los políticos.
Majestad, su alteza y su grasosa majestad, son tratamientos para reyes y reinas, sin importar la estatura. Como reminiscencia de las Gracias y desgracias de don Francisco de Quevedo, persiste el apunte del monseñor de abultada humanidad trasera, que al entrar al banquete preguntaba: «¿Y cuál es el asiento para mi excelencia?». Su excelencia lo usan también presidentes y ministros.
Hay quienes dan extrema importancia al tratamiento. En años de vacas gordas, en Venezuela oí la explicación de una matrona sobre la diferencia entre doña y señora. Según ella, señoras eran las pobres. Señor y señora, don y doña, son tratos de cortesía vigentes dentro del respeto que cada persona merece.
En cuanto a la política, el trato de honorable se aplica a ciudadanos elegidos a corporaciones públicas. Honorable viene del latín honorabilis, digno de ser honrado. Honorabilidad es la cualidad de una persona honorable.
En una sesión del concejo de Contratación, los concejales eran todos ganaderos y un miembro de la augusta corporación fue reconvenido por el presidente, porque en su discurso olvidó darle tratamiento de honorable a un compañero de butaca y oficio. Curiosamente enojado, el culpable dio explicación satisfactoria y cierto desocupado de las barras la tradujo al verso para la posteridad:
En nombre del Cabildo
me llama la atención el presidente
exigiendo que trate de "Honorable"
a mi compadre Luis, aquí presente,
Al pedir una prórroga
para darle ese trato, seré breve:
Yo le diré honorable el día que pague
una vaca parida que me debe.
Eran otras épocas. Ahora los tratamientos cambiaron en la Real Academia de la Lengua Brava: «¡Hola, güevón!» «Qui’hubo, gonorrea», son saludos actualizados. Y una chica llama a su amiga: «¡Venga pa’ cá, marica!».
Bien interesante el artículo.
ResponderBorrarEl verso final ". ESPECTACULAR " . Gracias por compartir .
El episodio final aconteció realmente. Gracias mi buen amigo por leer.
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