Elogio de la pena de muerte

Hay países donde todavía aplican oficialmente la pena capital a los culpables de delitos definidos en la ley y comprobados por los jueces.
Los humanos poseemos un raro ingenio para inventar penas de muerte:
 
La horca es el más desagradable de los instrumentos de cuerda, dijo Sofocleto.
Aun así, históricamente muchos países la utilizaron, como el Imperio británico, donde estuvo en vigencia hasta 1969. En Japón, Jordania, Irán, Pakistán, Egipto y Singapur, todavía ahorcan a la gente.
 
La lapidación fue utilizada en el oriente medio y los mil cortes en China. Esta muerte «consistía en ir cortando el cuerpo del acusado en partes, hasta dejarlo completamente despedazado. Lo peor de todo es que estaba drogado para que en todo momento pudiese ver como se le iban sacando trozos. Los restos que le iban cortando, los ponían delante de él para que los fuera viendo».
 
La decapitación, todavía está presente en Arabia Saudita.
 
En Francia gozó de popularidad la guillotina, instrumento para cortar cabezas durante el Régimen del Terror.
 
En el siglo XIX actualizaron en España el garrote vil de la Edad Media. «Recibe este nombre debido a que en la Edad Media solo los nobles podían ser decapitados con una espada. Los hombres viles (no privilegiados) morían golpeándoles con un garrote».
 
En otros lugares preferían el fusilamiento. Antes del fusil, arcabuceaban a los condenados, es decir, les disparaban con arcabuz.
 
A Pancho Villa, el revolucionario mexicano de comienzos del siglo XX, le gustaba fusilar. Un día uno de sus lugartenientes trajo a varios prisioneros. «Mi general, que hacemos con éstos que dicen ser de los nuestros».  Y el general: «¡Pues ajusílenlos y en después averiguamos!»
 
En Estados Unidos existe la silla eléctrica, la cámara de gas y la inyección letal.
 
Hay pueblos donde la pena de muerte se decreta en sigilo, a criterio del verdugo, en muchas ocasiones para matar inocentes.
 
Poco a poco las ejecuciones oficiales cada año bajan de número en el mundo. Los pacifistas y amigos de la vida abogan por el final de esa práctica. Pero avanza la más espantosa de todas: la guerra, una pena de muerte indiscriminada.
 
En mi pueblo un inspector de Policía fue acusado de aplicarle la pena de muerte con trampero a una gallina del vecino, que se pasaba a escarbar en la parcela del reo. Como no hubo testigos del repugnante hecho, fue necesaria la pericia del burgomaestre para resolver el caso.
 
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Texto de Juan Sebastián Bache (1951-1980), música de doña IA
 
AUDIO:


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Un inspector provisto
de escopeta de fisto
clandestina
por un vecino hallábase acusado
de ultimar a mansalva una gallina.
Como el brutal asunto
sucedió en despoblado y nadie había
que atestiguara en contra del presunto
criminal que mataba a sangre fría,
para dictar sentencia
en sumario de tanta trascendencia,
con premeditación y alevosía,
el alcalde ordenó que a medio día
condujeran la extinta a su presencia:
«Que la traigan sudada a esta oficina
con harta yuca y papa sabanera,
para hacerle la autopsia a esa gallina
¡y oficiarle un entierro de primera!
».

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