«Es mejor estar vivos que muertos».
La muerte es una especie de viuda negra cuyos pretendientes pasan a mejor vida en el encuentro inicial.
La Parca, la que nos matará sin conocernos, la oscuridad tantas veces cantada por los poetas vivos y difuntos, figura inamovible del añalejo de estoicos y forenses, predicadores y aburridos, bohemios y agentes de pompas fúnebres.
La humanidad habla en broma de la muerte, dicen los filósofos, pero toma la vida demasiado en serio como si de aquí fuéramos a salir vivos.
Los humanos, dice Pascal, al no haber encontrado remedio contra la muerte nos hemos puesto de acuerdo para ser felices tanto como se pueda y no pensar en el día menos pensado, cuando ella nos puede caer encima y volvernos una &, o algo parecido. Dijo Pambelé: «Es mejor estar vivos que muertos». ¡Y hasta razón tendrá!
Dejando a un lado la filosofía, no es irrazonable pensar en el mejoramiento de las condiciones de vida de la muerte. Al aliviar su carga emocional nosotros tendríamos despedidas más humanitarias.
La muerte no ha podido superar el estrés acumulado en siglos de medrosas funciones, planeando día y noche inesperados desenlaces y penas capitales. Ya tiene suficientes recursos para ultimar a quienes disfrutamos de la existencia humana: Peste, hambre, enfermedad, los siete pecados capitales, aparatosos accidentes, guerra inacabable, es decir, un ejército de jinetes del Apocalipsis. Y últimamente el covid, su guadaña de mayor reputación después de las bombas. Muy pocos fallecen dulcemente como antaño, de tristeza, de muerte natural o aguardando la pensión. ¡La muerte se tornó violenta, prosaica, debido al exceso de trabajo!
Circula una cadena de súplica a la divinidad para actualizar las condiciones laborales de la muerte y de paso procurarnos finales menos truculentos:
ORACIÓN POR EL UNDÉCIMO MANDAMIENTO
Dejo la inquietud a consideración del Patrono:
Que la muerte tenga derecho a vacaciones
y descanse los fines de semana,
que su horario de trabajo sea de lunes a viernes,
ocho horas diarias. Es injusto, Señor, que la muerte
labore como caballo de pobre en el siglo XXI.
Por eso, acudimos a tu equidad para que autorices
las vacaciones que le corresponden
por los siglos de los siglos. Con ello nos liberas
del presentimiento de que, sin crear nada,
ella es el verdadero amo de la creación
porque puede matar hasta los dioses.
Deja que este mundo respire la eternidad sin ella
y permite que su imaginación descanse de inventar
soluciones horripilantes. Dale una oportunidad
a quienes admiramos a Matusalén,
así esta vida cruel, dura y difícil, imposible de vivir,
sobre todo cuando vivimos al tiempo las vidas de otros,
nos haga pedirte en coro que le nombres reemplazo,
mientras ella regresa de vacaciones.
Para cuando todo vuelva a la normalidad, te pedimos
añadir un parágrafo que nos faculte para escoger día,
lugar y manera de convertirnos en buenos muertos.
Con esa migaja de libertad nos conformamos.
Yo escojo el lunes.
*
(De Breviario del escarabajo).
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